¿A quién acompañamos?
Infancia
En la infancia, el malestar no siempre puede expresarse con palabras. A veces aparece a través de cambios emocionales, dificultades de conducta, problemas escolares o alteraciones en las relaciones y rutinas.
Cada niño o niña tiene su propia forma de expresar lo que siente y necesita. Nos acercamos a su mundo respetando su edad y su ritmo, para comprender qué está viviendo y ayudarle a encontrar formas de sentirse mejor y desenvolverse con mayor seguridad.
La familia y el entorno ocupan un lugar fundamental en el desarrollo infantil y forman parte de nuestra manera de comprender y acompañar cada proceso.
Adolescencia
La adolescencia es una etapa de cambios, descubrimientos y construcción de la propia identidad. A veces, lo que sucede por dentro resulta difícil de comprender, expresar o compartir, especialmente cuando aparece la sensación de que nadie termina de entenderlo.
Adultos
Ser una persona adulta no significa tenerlo todo claro, saber siempre qué hacer ni poder con todo. A veces seguimos funcionando mientras algo pesa, se repite o nos muestra que alguna parte de nuestra vida ya no puede continuar igual.
Puede que estés atravesando una etapa difícil, que determinadas emociones o relaciones te estén generando malestar, o que simplemente quieras comprenderte mejor y hacer cambios importantes para ti.
En terapia podremos detenernos a mirar qué está ocurriendo, entender qué te ha traído hasta aquí y explorar qué quieres conservar, qué te gustaría cambiar y cómo quieres continuar a partir de ahora.
Parejas
Las relaciones de pareja cambian con el tiempo y pueden atravesar etapas en las que la comunicación se complica, los conflictos se repiten, aumenta la distancia o resulta difícil saber cómo continuar. Algunos cambios del ciclo vital, como el inicio de la convivencia, la llegada de un hijo o una nueva situación familiar o laboral, también pueden alterar el equilibrio de la relación y requerir una reorganización.
Pero no es necesario esperar a que exista una crisis para acudir a terapia. También acompañamos a parejas que están comenzando o que desean cuidar y fortalecer su relación, ayudándolas a conversar sobre sus expectativas, valores, diferencias y proyectos compartidos. Abordar estas cuestiones de forma temprana puede facilitar el conocimiento y la comprensión mutua, y evitar que algunas dificultades se enquisten con el tiempo.
La terapia de pareja no es un juicio ni busca determinar quién tiene razón. Trabajaremos para comprender qué está ocurriendo entre vosotros, dónde y cómo surgen las dificultades y cómo participa cada uno en la dinámica de la relación, favoreciendo una comunicación más clara, el cuidado del vínculo y la adaptación conjunta a los cambios.
Familias
La consulta familiar puede comenzar a partir de la preocupación de uno de sus miembros. Desde esa primera demanda, valoraremos juntos qué está ocurriendo y quiénes pueden participar en cada momento del proceso.
No es imprescindible que toda la familia acuda a terapia para que puedan producirse cambios. El trabajo con uno o varios de sus integrantes puede favorecer nuevas formas de relacionarse y de responder a las dificultades dentro del sistema familiar.
No se trata de buscar culpables ni de señalar a una persona como el problema, sino de comprender lo que está ocurriendo en el conjunto de la familia y favorecer cambios que mejoren la comunicación, la convivencia y el bienestar de sus integrantes.
Si eres adolescente
Puede que no tengas claro qué te ocurre, o
que sí lo sepas pero te resulte difícil hablar de ello sin sentirte juzgado,
cuestionado o presionado. En terapia podrás acercarte a lo que estás viviendo a
tu manera y a tu ritmo, ponerle palabras, comprenderte mejor y descubrir
recursos propios para afrontar aquello que te preocupa.
No se trata de decirte cómo deberías
pensar, sentir o actuar, sino de escucharte, ayudarte a ordenar lo que te está
pasando y acompañarte para que encuentres tus propias respuestas, tomes
decisiones con mayor claridad y vayas descubriendo quién eres y quién quieres
ser.
Si eres madre, padre o cuidador
Cada persona, pareja o familia llega a terapia por motivos diferentes. A veces existe un malestar fácil de identificar; otras, cuesta comprender qué está ocurriendo, pero se percibe que algo no va bien o que no puede continuar de la misma manera.
Ansiedad, miedos y preocupaciones
Pensamientos que no se detienen, sensación de alerta, preocupación constante, dificultad para relajarse, miedos que limitan o situaciones que se evitan porque generan un malestar intenso.
Estado de ánimo y malestar emocional
Tristeza, apatía, irritabilidad, desmotivación, sensación de vacío, pérdida de ilusión o etapas en las que todo parece pesar demasiado.
No es imprescindible que toda la familia acuda a terapia para que puedan producirse cambios. El trabajo con uno o varios de sus integrantes puede favorecer nuevas formas de relacionarse y de responder a las dificultades dentro del sistema familiar.
No se trata de buscar culpables ni de señalar a una persona como el problema, sino de comprender lo que está ocurriendo en el conjunto de la familia y favorecer cambios que mejoren la comunicación, la convivencia y el bienestar de sus integrantes.
Autoestima, identidad y relación con uno mismo
Inseguridad, autocrítica, culpa, exigencia excesiva, dificultad para reconocer el propio valor, dudas sobre quién se es o conflictos entre lo que se desea y lo que los demás esperan.
Regulación emocional y conductas que generan preocupación
Emociones que desbordan, dificultad para recuperar la calma, reacciones impulsivas o conductas relacionadas con el consumo, la evitación, la compulsión o la sensación de pérdida de control.
No es imprescindible que toda la familia acuda a terapia para que puedan producirse cambios. El trabajo con uno o varios de sus integrantes puede favorecer nuevas formas de relacionarse y de responder a las dificultades dentro del sistema familiar.
No se trata de buscar culpables ni de señalar a una persona como el problema, sino de comprender lo que está ocurriendo en el conjunto de la familia y favorecer cambios que mejoren la comunicación, la convivencia y el bienestar de sus integrantes.
Relaciones, pareja y familia
Conflictos que se repiten, problemas de comunicación o convivencia, distanciamiento, soledad, dificultades para establecer límites o vínculos que generan malestar.
Cambios, pérdidas y crisis vitales
Procesos de duelo, cambios en la vida familiar o laboral, maternidad o paternidad, relaciones que atraviesan una nueva etapa y momentos en los que cuesta adaptarse, tomar decisiones o saber cómo continuar.
No es imprescindible que toda la familia acuda a terapia para que puedan producirse cambios. El trabajo con uno o varios de sus integrantes puede favorecer nuevas formas de relacionarse y de responder a las dificultades dentro del sistema familiar.
No se trata de buscar culpables ni de señalar a una persona como el problema, sino de comprender lo que está ocurriendo en el conjunto de la familia y favorecer cambios que mejoren la comunicación, la convivencia y el bienestar de sus integrantes.
Dificultades en la infancia y la adolescencia
Cambios emocionales o de conducta,
problemas escolares, aislamiento, dificultades en las relaciones, conflictos
familiares o situaciones que generan preocupación en niños, niñas y
adolescentes o en personas de su entorno.
Estas situaciones no siempre aparecen por separado ni se manifiestan de la misma manera, por lo que cada caso requiere una valoración cuidadosa. La intervención psicológica se apoyará en la evidencia científica y se orientará hacia objetivos terapéuticos concretos y acordados, revisando los avances y la evolución del proceso. Cuando existe disposición para participar activamente en el proceso, es posible desarrollar nuevos recursos, modificar dinámicas que generan malestar y avanzar hacia un mayor bienestar personal y relacional.
